La hipertensión arterial es una patología crónica que consiste en el aumento de la presión arterial. Una de las características de esta enfermedad es que no presenta unos síntomas claros y que estos no se manifiestan durante mucho tiempo.

La hipertensión arterial es una enfermedad que puede evolucionar sin manifestar ningún síntoma o ser éstos leves, por lo que se le conoce también como «el asesino silencioso».

Lo anterior indica que se puede tener hipertensión arterial y no sentir ninguna manifestación. Por esta circunstancia, se estima que alrededor de 61% de los individuos afectados desconocen estar enfermos.

En la actualidad, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad. Sin embargo, la hipertensión es una patología tratable. Si no se siguen las recomendaciones del médico, se pueden desencadenar complicaciones graves, como por ejemplo, un infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral, lo que se puede evitar si se controla adecuadamente.

Los factores de riesgo para desarrollar hipertensión arterial son:

La hipertensión esencial tiene una fuerte base hereditaria, casi siempre se conoce de familiares hipertensos, por lo general deben tratarse toda la vida.

En el 10% restante corresponde a hipertensión secundaria o de causa conocida. Las causas probables pueden ser muy diversas: renales, tumorales, embarazo, endócrinas, enfermedades fármacos, cardiovasculares, síndrome de apnea crónica del sueño, etc. Una vez diagnosticada y eliminada la causa, generalmente se cura no siendo necesario el uso de fármacos antihipertensivos.

  • Exceso de peso: Los individuos con sobrepeso están más expuestos a tener más alta la presión arterial que un individuo con peso normal. A medida que se aumenta de peso se eleva la tensión arterial
  • Falta de actividad física
  • Consumo excesivo de sal y alcohol Ingesta insuficiente de potasio o Tabaquismo
  • Estrés
  • Presión arterial fronteriza (130- 139/85-89 mm de Hg). Antecedentes familiares de hipertensión
  • Tener más de 60 años de edad Las personas que presenten factores de riesgo deberán efectuar los cambios necesarios en su estilo de vida.
  • Género: Los hombres tienen más predisposición a desarrollar hipertensión arterial que las mujeres hasta que éstas llegan a la edad de la menopausia.  A partir de esta etapa la frecuencia en ambos sexos se iguala. Esto se debe a que la naturaleza ha dotado a la mujer con unas hormonas que la protegen mientras está en la edad fértil (los estrógenos) y por ello tienen menos riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Edad y raza: La edad es otro factor que influye sobre las cifras de presión arterial, de manera que tanto la presión arterial sistólica o máxima como la diastólica o mínima aumentan con los años y lógicamente se encuentra un mayor número de hipertensos a medida que aumenta la edad.
  • En cuanto a la raza, los individuos de raza negra tienen el doble de posibilidades de desarrollar hipertensión que los de raza blanca, además de tener un peor pronóstico.

Otras causas

Vasculares:

Entre el 2,5 y el 6 por ciento de los problemas relacionados con el riñón pueden influir en la aparición de la hipertensión arterial. De hecho, suponen entre el 2,5 y el 6 por ciento de las causas. Las principales patologías vasculares que influyen son: Enfermedad renal poliquística. Enfermedad renal crónica. Tumores productores de renina. El síndrome de Liddle. Estenosis de la arteria renal.

Endrocrinológicas:

Las causas endocrinas representan entre el 1 y el 2 por ciento. En éstas se incluyen desequilibrios hormonales exógenos y endógenos. Las causas exógenas incluyen la administración de corticoides.

Aproximadamente el 5 por ciento de las mujeres que toman anticonceptivos orales puede desarrollar hipertensión. Los factores de riesgo para la hipertensión asociada con el consumo de anticonceptivos orales incluyen la enfermedad renal leve y la obesidad.

Los fármacos antinflamatorios no esteroideos (AINE) pueden tener efectos adversos sobre la tensión arterial. Estos fármacos bloquean tanto la ciclooxigenasa-1 (COX-1) como las enzimas COX-2. La inhibición de la COX-2 puede inhibir su efecto natriurético que, a su vez, aumenta la retención de sodio. Los antinflamatorios no esteroideos también inhiben los efectos vasodilatadores de las prostaglandinas y la producción de factores vasoconstrictores, es decir, la endotelina-1. Estos efectos pueden contribuir a la inducción de la hipertensión en un paciente con hipertensión controlada o normotenso.

Las causas hormonales endógenas incluyen: Hiperaldosteronismo primario. El síndrome de Cushing. Feocromocitoma. Hiperplasia suprarrenal congénita.

Las causas neurogénicas incluyen:

Tumores cerebrales. Poliomielitis bulbar. Hipertensión intracraneal.

Además existen drogas y toxinas que pueden propiciar la aparición de la hipertensión: Alcohol. Cocaína. Ciclosporina, tacrolimus. Fármacos antiinflamatorios no esteroides. Eritropoyetina. Medicaciones adrenérgicas Descongestionantes que contienen efedrina. Remedios a base de hierbas que contienen regaliz Nicotina.

Por último, existen algunas enfermedades que se relacionan con la hipertensión como son el hipertiroidismo e hipotiroidismo, la hipercalcemia, el hiperparatiroidismo, la acromegalia, la apnea obstructiva del sueño y la hipertensión inducida por el embarazo.

 

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